“Tanto si crees que puedes, como si no, tendrás razón” Henry Ford

Desde los 10 años estoy vinculado al mundo del deporte (primero como jugador y poco más tarde como árbitro) y desde los 19 al mundo empresarial (inicialmente en posiciones técnicas, y desde más de 10 años en puestos de dirección). En cada una de estas áreas he acumulado éxitos, he sido un privilegiado. Durante mucho tiempo pensé que eran dos áreas totalmente distintas, algo que creaba mi mundo pero que no debía relacionarse, que sólo yo era el nexo común entre ambas. Me engañaba. Ambas estaban íntimamente relacionadas. De hecho, todos mis éxitos, deportivos y empresariales, se han debido a esta conjunción, esta simbiosis.

En la actualidad mi vinculación al mundo del deporte lo es como árbitro internacional de hockey hierba. Gracias a eso he podido viajar por los cinco continentes, ir a muchísimos torneos, arbitrar más de 100 partidos de selecciones absolutas y participar en un Mundial y, el gran sueño de todo deportista, unos Juegos Olímpicos. Sin embargo, lo más importante ha sido el poder conocer a personas y culturas de más de 20 países. Mi vinculación al mundo de la empresa, es siendo empresario y gerente de lo que en inicio fue una PYME y hoy es la empresa líder en el Estado de nuestro sector. Todo ello forma parte de mi, una parte en la que he estado invirtiendo muchísimo. No sólo he invertido tiempo, para mi ha sido para mi un refugio, por lo que consecuentemente ha tenido un coste alto.

 

He querido triunfar, profesional y deportivamente, y lo he conseguido. Sin embargo, en el camino, quienes más han sufrido han sido mis relaciones, mis parejas… y sobretodo alguien más importante que todas ellas. Yo mismo.  Al refugiarme en el deporte y en el trabajo tenía la excusa perfecta para no plantearme qué otras cosas quería hacer en mi vida. Retardando esta decisión, no enfrentándola, podía ir tirando en mi día a día. El tener éxito además ha sido la excusa perfecta, el colofón para no tener necesidad de plantearme qué me hacía realmente feliz.

Hace varios años, en 2011, de casualidad (bendita sea) me aventuré y empecé a formarme en un ámbito muy diferente al que había hecho hasta entonces: lo hice como coach. Buscaba una opción profesional y me empecé a encontrar a mi mismo. Desde entonces, día a día, sigo encontrándome; y para ser sinceros, muchas veces no me gusta lo que encuentro. En cada nueva formación que inicio descubro un nuevo monstruo no atendido durante muchísimos años. Monstruos, miedos, inseguridades, que han estado gobernando en gran medida mi vida, mis decisiones, mis acciones. En ocasiones me mortifico, me enfado conmigo, me enfado con la vida, ya que no tiene fin. Es como intentar pelar una cebolla, hay que quitar miles de capas hasta llegar al centro. Y eso desanima, porque, cuando crees que tienes un asunto resuelto, un monstruo atendido o combatido, te das cuenta que aparece otro, muy parecido al anterior, pero mutado. Más fuerte. Y así es como pasé del trabajo consciente (que partió del coaching y la PNL) al inconsciente (que da la Hipnosis y el BrainSpotting). Porque sí he decidido algo. Que voy a luchar y derrotar a mis monstruos, por mutados que estén.

Y ahora llego a uno de estos monstruos. Mis relaciones. He tenido en mi vida siete historias que considero estables. Casi ninguna superó el año de vida. Una si, duró cuatro. Casi todas mis relaciones han sido con hombres, menos una también. Me he considerado un fracasado en el amor y me he llegado a plantear (con resignación) que mi sino es vivir sólo. No entendía por qué la claridad que he demostrado en mi trabajo y en mi carrera arbitral, no la he estado aplicando en mis relaciones. Y la respuesta, evidentemente, no me gustó. Porque toda la vida he estado poniendo la obligación por encima de todo lo demás. Eso me enseñaron de pequeño, y lo he seguido haciendo por más de treinta años. Costara lo que costara. Y me ha costado mucho, más allá de las parejas y personas que han estado en mi vida, me ha costado vivir subyugado a una vida llena de normas y obligaciones y no a una llena de diversión y amor. Descubrirlo me llenó de dolor, a nadie le gusta descubrir de repente que ha estado malgastando gran parte de su vida, y a la vez de ganas, de pasión. Porque, una vez descubierto, ya nadie (ni yo mismo) me va a hacer cambiar. Entonces sí empecé a aplicar todo lo aprendido e implementado en mis profesiones a este nuevo reto: Vivir.

Y he decidido vivir uniendo toda mi experiencia, formativa, profesional y vital en el acompañamiento de personas bajo una marca que no deja lugar a dudas, Be a Champion. Para que las personas que me den su confianza no inviertan ni tanto tiempo ni tanto trabajo como yo hice para vivir sus sueños. Para que  puedan, mediante nuestro camino conjunto, obtener su máximo rendimiento en todos los ámbitos de la vida que se propongan. Para que sean Champions donde deseen serlo.

Ingeniero Eléctrico, Executive MBA, Master en Coaching Estructural, Practioner PNL, Master Hisposis con PNL, Instructor certificado en técnicas de Alto Impacto Firewalking, Especialista en Coaching grupal y Liderazgo, Coaching Deportivo. 

Si quieres más información sobre lo que hago puedes consultar beachampion.net y si quieres contactarme puedes hacerlo en paco@lokosdeamor.com o  paco@beachampion.net