Buscando Mi Media Naranja

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El Mito que encierra muchos problemas de pareja

Estoy convencido de que, como a mí, desde pequeñ@ te dijeron que una de las claves para solucionar posibles problemas de pareja era encontrar tu Media Naranja.  Ya que, cuando encontraras una persona que se complementara contigo para hacer un todo (una naranja completa), sería como el final de los cuentos infantiles. Serías feliz y comerías perdiz. En mi caso, casi 40 años después de nacer, eso no se ha cumplido. No he encontrado mi media naranja, y aun así empiezo a ser feliz y me he comido alguna perdiz. Para empezar a hacerlo tuve que cambiar alguna de esas claves que me enseñaron de pequeño, algunas de esas creencias. Pero vayamos primero a ver dónde está el origen del mito.

Descubrir cuál fue el origen llegó a mis manos casi de casualidad. Leyendo una novela. En ésta se describía que el origen de “la media naranja” se remitía a hace mucho tiempo, a uno de los filósofos griegos: Platón. Concretamente en su obra El Banquete. En ella Platón nos relata un diálogo entre Apolodoro, Albíades, Aristodemo, Aristófanes, Erixímaco, Sócrates (a quién le debemos qué es el coaching) en casa de Agatón. El tema del diálogo: el Amor. Éste explicaba que al principio la raza humana era casi perfecta y que “todos los hombres tenían formas redondas, la espalda y los costados colocados en círculo, cuatro brazos, cuatro piernas, dos fisonomías unidas a un cuello circular y perfectamente semejantes, una sola cabeza, que reunía estos dos semblantes opuestos entre sí, dos orejas, dos órganos de la generación, y todo lo demás en esta misma proporción”.

Además existían 3 clases de seres humanos: el primero, el compuesto por un hombre y otro hombre –descendiente del Sol-. El segundo, compuesto de una mujer y otra mujer –descendiente de la Tierra-. El tercero, compuesto de un hombre y una mujer, llamado “andrógino” –descendiente de la Luna-. La obra nos cuenta cómo “los cuerpos eran robustos y vigorosos y de corazón animoso, y por esto concibieron la atrevida idea de escalar el cielo y combatir con los dioses”. Sí, ya estamos con la maldita ambición humana, y una vez más nos costó cara. Tal osadía provocó la ira de Zeus, quien decidió volver a someter al ser humano y reducir su fuerza: lo hizo dividiendo a estos seres en dos mediante un rayo. De esta forma nos hizo seres incompletos. Cada mitad empezó a hacer esfuerzos para encontrar la otra mitad de la que había sido dividida “y cuando se encontraban ambas, se abrazaban y se unían, llevadas del deseo de entrar en su antigua unidad, con ardor tal que, abrazadas, perecían de hambre e inacción, no queriendo hacer nada la una sin la otra”. Ahí tenemos el origen de la media naranja, y no me parece muy motivador. Se trata de la búsqueda desesperada de unión entre dos mitades supuestamente enamoradas, estando incluso dispuestas a morir de hambre e inacción. Y este mito ha llegado a nuestros días.

Está claro: seguimos buscando la media naranja, hasta convertirse incluso en una obsesión. Al menos lo fue durante mucho tiempo para mí. Creí en cinco ocasiones que la había encontrado, y otras cinco veces creí morir (de hambre e inacción) cuando separamos nuevamente las mitades, creando unos niveles de dolor, frustración y decepción descomunales, gritando desesperado a mis amigos “¡qué mala suerte tengo en el amor! ¿por qué me cuesta tanto encontrar a mi media naranja? ¿tan complicado soy?”.

Ya que lo cierto es que ese mito del que hoy escribo no es una inofensiva idea romántica, para mí ha sido un pozo de muchísimos problemas de pareja y lo más importante, de infelicidad. Ya que creer en encontrar la media naranja implica creer en la perfección de encontrar a esa persona que está hecha para ti, para encajar contigo. De hacer un todo casi perfecto entre los dos. Quien no ha pensado, al conocer a alguien, algo así como “si es perfecto para mí”, o incluso expresado “¡si estamos hechos el uno para el otro!”. Sin embargo, la perfección no existe, es imposible. Una pareja la forman dos personas diferentes por lo que, tarde o temprano, van a surgir conflictos. Tenemos que entender que no existen dos personas iguales, y que las diferencias, si no se trabajan, acaban por convertirse en problemas de pareja, y aprender por lo tanto a vivir en pareja.

Y esto no lo explica la maldita teoría de “la media naranja”; si nos basamos en ésta empezaremos a preguntarnos cosas como “si somos dos mitades de un todo, si estamos hechos el uno para el otro, ¿cómo no me puede comprender? ¿Por qué tenemos problemas?”. Y las respuestas para mí son dos. La primera que somos dos personas diferentes, y que como tales tenemos puntos de vista diferentes ante algunos acontecimientos. La segunda, y para mi más importante, es que asumir ese mito implica asumir que somos seres incompletos.

Hasta que no entendí que no era la media parte de nada, sino que yo era una naranja completa, un todo, no empecé a estar bien conmigo mismo, no empecé a ser feliz. Cuando descubrí que para ser feliz (y comer perdiz) no necesitaba tener una relación de pareja Disney, todo empezó a cambiar. La felicidad es un estado interior, y sólo por nosotros mismos la podemos alcanzar. Podemos ser felices independientemente de si tenemos pareja, todos somos personas completas, sin ninguna mitad que encaje en nosotros.

De hecho, para que una pareja funcione bien, es absolutamente necesario que no haya dependencia, sino que esté formada por dos personas completas, independientes y felices. Luego ya se verá si se trata de dos naranjas, dos peras o dos manzanas o la mezcla de ellas.

Paco Vázquez

Coach de Alto Rendimiento